Como ser inquilino veinteañero y que no te caguen (en el intento)
Internet enloqueció por una crónica periodística de Leila Guerriero, por una caja de ravioles y poco más. Y yo, muy lejos de enloquecer, me fasciné por su habilidad para describir cosas cotidianas, así que me inspiró a escribir mi propia crónica ¿Por qué no?
Estoy trabajando mucho en casa intentando configurar como puedo crear la página web de Bohème sin volverme loca ni convertirme en programadora. Por el instante me parece hasta más fácil escribir notas sueltas y unirlas todas en un ebook.
De ahí a que ustedes tengan tantas ganas de leerme como para descargarse una revista digital es otro tema, pero bueno, eso no viene mucho al caso de lo que venía a compartirles hoy.
Alquilar un departamento siendo joven en este país es un calvario, el monto de plata que te piden, los recibos de sueldos que exigen, y demás cosas que por suerte ya olvidé que pagué o hice. Pero una vez que la burocracia se termina, las cosas por resolver sólo comienzan.
Luchar continuamente contra el propietario del inmueble y la inmobiliaria es agotador.
Meses reclamando que arreglen un caño de la cocina o del baño y no lo hacen.
Un día decidí tomarme un baño de inmersión en la tina, con el objetivo de relajarme después de un estresante día laboral. Mientras estaba en la bañera sentía que el agua de a poco se iba pero no entendía a donde. Lamentablemente el objetivo de relajación que tenía mi baño se vió interrumpido puesto que apenas puse un pie fuera de la bañera sentí como el agua se deslizaba por todo mi departamento, dejando a mi gata en su caja de cartón preferida, flotando en el agua como si estuviera en un canal de venecia.
Un domingo a las tres de la tarde, tuve que ponerme a limpiar todo mi hogar invadido por el agua que se escapaba de un caño. Sabía que no me correspondía poner ni un peso por el arreglo pero a la vez se me hacía inviable seguir viviendo así. Entonces finalmente lo hice, llamé al plomero y el total del arreglo me salió 13 mil pesos.
Más justa que ayer menos que mañana, lo pagué cerrando los ojos y suspiré esperando que al pagar el monto del alquiler me lo reconozcan, pero sabiendo que lamentablemente no iba a ser así.
Es agobiante vivir en un hogar que es tuyo pero no lo es del todo. Tener un lugar en donde vivir bajo las reglas de tantas personas, pero que no les importe la ley en lo más mínimo abusando así con el derecho que tenemos las personas de tener una casa.
Ser joven y alquilar es difícil, pero más hacerse respetar por mayores que no les importa en lo más mínimo todo lo que estás haciendo por vivir ahí.

fuerzas ventiañeros , aún hay guerra x vivir
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