Adiós, cielo.

 Me despido


Me despido sin haber comenzado, me despido sin haber terminado. Me despido aunque nunca me tuviste me despido porque según vos soy inalcanzable.

Me despido de tu idealización, me despido de vos y de tu forma inescrutable de ver la vida.

Me voy porque me amo a mí más que a nadie y el amor que te tengo se me vuelve insoportable.

Huyo porque no soy cobarde, huyo porque me desangraste tanto que no me quedan remeras que atar, para poder parar esta sangre que sale a borbotones de mis entrañas.

Me retiro sin dar vuelta atrás, porque si miro hacia atrás me hundo en tus ojos y me pierdo en tu mirar.

Me escapo porque es lo que mejor sé hacer, camuflarme entre la gente hasta volverme invisible aunque según vos nunca lo pueda ser.

Siempre me quisiste tener y ahora que me tuviste renunciaste a mi sin siquiera intentarlo, te rendiste sin jugar, abandonaste el juego sin participar.

En esta tómbola tan veraz, me ví perdida en lo que sentí durante tantos años, lo que fui arrastrando desde que la memoria de mi ser vió un hilo de luz.

Hilo iluminado por una lámpara solo a un mes y siete días de distancia de la tuya.

En una clínica a dos cuadras de distancia.

Pero nosotros siempre nos vimos puestos entre líneas, nunca juntos, siempre separados por una subjetividad sublime he de recalcar, pero una subjetividad al fin, un mensaje subliminal que nunca llegamos a contar. O mejor dicho, nunca llegaste a contar.

Porque yo te lo dije aquel lunes, mirando tus ojos marrones, confundiéndome por tu brillo ocular y observando cada detalle, cada destello que enmanaban. Esa manchita marrón clara en tu ojo izquierdo tenía mucho que contar, pero le quitaste importancia y me dijiste que era un simple mirar.

No hay mirares simples de observar cuando lo que sentís te desborda el alma.

Entonces al mirarte, suspiré y dije a mi pesar, que siempre te iba a amar y que sabía que no me ibas a decir en voz alta que me correspondías aunque ambos sabíamos que no estaba para nada errada en saber, que tu respuesta muy dentro tuyo era que nunca jamas en la vida habías podido amar.

No de la forma en la que me amas a mi al menos.

Entonces solo me dijiste que vos también me querías mucho, pero querer es menos que amar.

Y amar es mucho más que mucho.

Amar es más que apreciar, contemplar, fascinar, seducir.

Y a lo largo de nuestras vidas, desde el momento de la concepción nuestras almas se vieron conjuntas.

Conjuntas en una conjunción y haciendo conjeturas de lo que podríamos ser.

Tu mano arrugada contra la mía y tu curiosidad hacia mi alma, mi espíritu alegre.

Tu espíritu melancólico y pensativo.

Nosotros.

Pero es curioso, que antes, existía un nosotros mucho más que ahora.

Antes había un concepto de juntos contra todo, juntos a través de las adversidades.

Y hoy… Hoy las adversidades nos hundieron, y vos te ahogas en un océano que en realidad es un río, que en realidad es una laguna, que en realidad es un charco, que en realidad es un vaso de agua, que en realidad es una gota.

Y yo… Yo intento soplar esa gota y explicarte que todo va a estar bien, pero vos ves el océano y yo veo la gota y vos me decís que te hundís y yo te doy la mano y finalmente me hundo.

Me hundo y me ahogo con vos.

Nos ahogamos en una gota.

No en un océano, simplemente en una gota de agua.

Y esa gota de agua es mi llanto que sale a borbotones como una vertiente, de mis ojos.

Si, esos que te gustan tanto.

Entonces cuando eramos amigos, (porque yo, lo lamento mucho pero no considero que lo seamos), nos sentabamos adelante de la televisión, mirando ese VHS de Manuelita y creabas metáforas con lo que me querías decir.

Que Manuelita no quería irse a Francia, y que había vuelto por Bartolito.

Y yo te respondí que Manuelita no había vuelto a Argentina por él, que no era por amor, era por ella misma y su amor por la familia, por su ciudad, por lo conocido.

Y vos te quedaste callado y no dijiste nada.

Porque nunca decís nada y yo sé lo que pensas.

Pero me gustaría escucharlo de tus labios, formular lo que realmente pensabas: Porfa, quedate! Te quiero ver más seguido, te enseño como funciona todo acá así te podés quedar.

Pero eso nunca iba a salir de tus labios ni en ese momento, a los 5 años, ni hoy en día.

Entonces, decime, Manuel, cómo me puedo quedar yo en un lugar en dónde no me expresan explícitamente el deseo de mi presencia?

En donde todo es confuso y todo me lastima.

Porque todo está revuelto y se da por hecho. Entonces, me culpé por años por haberte herido a los catorce años, pero yo estoy tan rota por dentro como vos, solo que yo intento arreglarlo todo y a vos no te molestan las cosas rotas y no hacés nada por arreglarlas.

Y no pienso pedir perdón por amarte porque mi amor es sincero, es leal, es real.

Y el tuyo lo desconozco porque no te entiendo y nunca te voy a entender.

Y vos nunca me vas a entender.

Y sé que nos estoy condenando con mis palabras pero es una cárcel a la que juntos nos metimos y sola quiero salir.

Recuerdo ese beso en la oscuridad detrás de una puerta.

Siempre todo fue escondido, todo siempre fue ilícito, porque quizás justamente este sentimiento es tan grande que da miedo blanquear y da pavor expresar.

Pero yo no tengo miedo de gritarlo a los cuatro vientos porque yo siempre pienso en vos y siempre te tuve presente a pesar del pavor.

Salí de atrás de la puerta y me senté en el auto anonadada porque se había cumplido un sueño que había anhelado años y que tenía guardado.

Casi me da gracia lo feliz e ingenua que fui, toda contenta llena de ilusiones que vos me creaste y llena de esperanzas por cosas que no se si van a suceder.

Porque siempre son los “no sé” con vos.

Y no saber me mata.

Pero finalmente revivo cada vez que confirmas que me querés aunque hay que sacártelo a regañadientes y generalmente no entiendo por qué merezco tan poca demostración de afecto y por qué me conformo con migajas si podría comerme el mundo entero.

Así que eso es lo que voy a hacer Manuel

Me voy a comer el mundo entero y voy a lograr todo lo que siempre quise aunque ahora ya no involucre tenerte.

Porque ambos sabemos que desde el primer momento estuvimos separados por dos cuadras, después por un océano y ahora solo por un tren de distancia.

Y así y todo Manuel, así y todo Manuel…

Seguís sin demostrarme que me amas.

Y quizá nunca lo hiciste, nunca lo hacés y nunca lo hagas.

Pero yo siempre te voy a amar incondicionalmente y es por eso que, entre líneas no me llena y el vacío de la ambigüedad me genera esto.

Sin las entre líneas me despido, adiós mi gran amor, nunca dejaré de amarte pero me amaré a mi antes que a nadie. 

Por eso, te digo adiós cielo.



Autor: Anónimo

Comentarios

Entradas populares