Ciudad Jardín: Un laberinto donde encontrarse

El sentimiento de pertenencia para alguien que en sus primeros años de vida vivió en tres países distintos, con tres idiomas diferentes es un poco complicado. No sé a donde pertenezco pero sí sé que a pesar de todo puedo lograr crear mi hogar en cualquier lugar. Después de haber vivido 10 años en Francia, volví a Argentina en mi último año de primaria. El único colegio primario que me aceptó apenas llegué a Buenos Aires, sin hacerme repetir (porque creían que no dominaba el español), fue la escuela pública 28 de Ciudad Jardín. Gracias a ese barrio, me adentré a mi cultura nativa por primera vez. Una inmersión completa, no unas vacaciones de dos semanas como estaba acostumbrada a vivir. De esta forma empecé a conocer Ciudad Jardín, un barrio residencial en el partido de Tres de Febrero el cual se caracteriza por sus calles, que vistas desde arriba, forman una flor. Esto hace que el barrio sea un laberinto, y únicamente las personas que lo conocemos bien sabemos cómo transitarlo sin perdernos. Comenzaron a construirlo en 1946, al principio consistía en una urbanización exclusivamente para la clase media argentina, que buscaba salir de la aglomeración del centro de Buenos Aires. Los primeros vecinos fueron obreros del Ferrocarril Urquiza, inmigrantes alemanes e italianos. Me es muy difícil ser objetiva, a causa del amor que siento por este lugar, luego de haber vivido tantos años en Montpellier, Buenos Aires me parecía una ciudad inmensa la cual me costaba comprender. Me dolía muchísimo, no hallarme dentro del país en el que yo había nacido. No me sonaba coherente pero culturalmente me sentía más alineada a Francia que a mi cultura nativa. Aunque todo esto cambió cuando empecé a crecer por estas calles.

 

 Recuerdo todos los días antes de entrar a la secundaria pasar por el puesto de diario, pensando que quizás algún día una nota escrita por mí podría encontrarse allí.


Ciudad Jardín tiene una plaza central en donde luego se despliegan las calles del vecindario a su alrededor, en este caso se llama “Plaza de los aviadores” o “Plaza del avión”.


Muchas calles tienen nombres de aviadores ya que se considera que es un barrio aeronáutico, por su cercanía al colegio de aviación militar.



Además, los árboles son el distintivo de este vecindario, tanto como sus plazas. El arbol más famoso es el ombú histórico de la batalla de caseros.






Para finalizar este recorrido por este bello suburbio del conurbano bonaerense, entrevisté a Juan que hace más de 20 años conoce el barrio por su oficio como cartonero. El señor me contó la simplicidad que siente con los comerciantes, el compañerismo y la bondad que se ganó después de años cartoneando en la calle. Dijo que todos los vecinos siempre lo trataron muy bien, que le facilitan mucho el trabajo preparando cuidadosamente los cartones en la puerta de sus negocios. Viaja desde el barrio de emergencia Carlos Gardel, hasta Ciudad Jardín, todas las tardes. Conoce sus calles de memoria y de forma muy orgullosa me dijo : “Ya no me pierdo nunca”.


En conclusión este vecindario podrá ser un laberinto para muchos, pero para otros fue la llave para encontrarnos. 

 

 

 

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